Lejos de la realidad deportiva y económica del fútbol de la región, Costa Rica sigue aumentando esa brecha que los separa de El Salvador y el itsmo. Basta un ejemplo demoledor: en plena pandemia, La Liga Deportiva Alajuelense presentó su nuevo centro de entrenamiento, a la altura del primer mundo.
Datos: el complejo tiene tres canchas de grama natural y dos sintéticas, un gimnasio de 700 metros cuadrados, camerinos para todas las divisiones y equipos femeninos, comedor, sala de prensa, oficinas administrativas, áreas de nutrición y de fisioterapia.
No es todo, se viene el edificio para las concentraciones y servirá de residencia para las ligas menores. Allí, a las fuerzas básicas, apunta el objetivo. Lo tienen claro. ”La venta de jugadores será nuestro sostén en el futuro. Estudiamos el modelo argentino y uruguayo de desarrollo y allá los jóvenes allá nos llevan más de 3 mil horas de entrenamiento”, dijo el presidente Fernando Ocampo a “Los Provocadores FB Live”.

En tanto aquí, algunos dirigentes piensan, y lo afirman públicamente, que “la formación de jugadores no es un buen negocio en El Salvador”.
A pesar de los millonarios ingresos de la Federación tica por haber ido a 4 de los últimos 5 mundiales (y quedar entre los 8 mejores en 2014), el principal sostén de los equipos ticos es la empresa privada. Así Alajuelense pudo hacer esa obra monumental por uno de sus vices, el empresario Joseph Joseph, principal impulsor y aportante. El rol decisivo de los apoyos privados es crucial para el progreso. Lo será más después de la pandemia.
En la cancha siguen siendo 11 contra 11. Afuera, los ticos tienen muchos más recursos para acercarse al primer mundo, también del fútbol. Del Águila y del Santa Tecla se interesaron por ese proyecto, visitaron y preguntaron. Es un buen inicio para empezar a copiar lo bueno de países de la región.
