En la actualidad El Salvador tiene un apreciable déficit de camas hospitalarias de magnitud desconocida; se detecta únicamente por la creciente escasez de ese recurso en relación con la demanda. Se ha llegado al extremo de dar altas más pronto de lo que en realidad corresponde con el propósito de disponer de camas; se amontonan los enfermos en camillas y los procedimientos que van a necesitar de cama se citan para dentro de ocho meses o más de un año.
En un diagnóstico de salud efectuado hace algún tiempo, por cierto realizado con el rigor científico que corresponde, se encontró que en el país existe 1.1 cama hospitalaria por 1,000 habitantes. La relación anterior solo describe lo que hay en el país pero no hay información sobre la cantidad de camas que se requieren para que el sistema de salud funcione con solvencia.
Costa Rica y Panamá que actualmente van a la vanguardia, al menos en la región, en cuanto a servicios de salud para la población, disponen de 2 o más camas hospitalarias por 1,000 habitantes. Si nos extendemos a países del primer mundo la situación es todavía más contrastante, en efecto Japón dispone de 8 camas, Alemania de 6, Francia de 4 y Canadá y los EUA con un poco más de 3, siempre por 1,000 habitantes.
Hace aproximadamente unos treinta y tantos años, en ocasión de asistir a congresos de salud en diferentes épocas, escuché a los consultores Manuel Bobenrieth (Argentina), José Hernández Prada (Colombia) y Boris Ibáñez (Chile) comentar que en los países en vías de desarrollo son aceptables 2.5 camas de hospital por cada 1,000 habitantes; sin embargo, enfatizaban evitar los parámetros rígidos y se inclinaban por tomar como insumo para el cálculo, la estructura de la salud de la población y el nivel de desarrollo del sistema de salud local para aventurar una cifra. Decían que cada país conoce mejor sus necesidades de recursos habida cuenta de la existencia de factores diversos que inciden en el uso de los nosocomios.
El Salvador, en el mejor de los casos, para estar en condiciones aceptables, debería disponer de 2 a 3 camas de hospital por cada 1,000 salvadoreños. Estas cifras son prácticamente imposibles de alcanzar por la pobreza del país, los altos costos de los servicios de salud y la dificultad para conseguir los recursos humanos suficientes para implementarlas. No obstante, el déficit se ha venido amortiguando desde hace varias décadas por la tendencia creciente, gradual y progresiva, de usar menos la hospitalización. En otras palabras, el problema de la escasez de camas pudo haber sido peor.
Han incidido en este movimiento numerosos factores entre los cuales destacan por un lado, el encarecimiento de los servicios médicos en general y en consecuencia el hacer funcionar la cama de hospital (Horas médico, enfermera, técnico, alimentación, aseo y desinfección, lavado de ropa, etc.) y, por el otro, el advenimiento de avances médicos en todas las áreas, nuevos procedimientos, productos farmacéuticos, esquemas de tratamiento y equipos que facilitan llegar al diagnóstico y coadyuvan el tratamiento.
La cirugía ambulatoria por ejemplo ha reducido los tiempos de la recuperación postquirúrgica y se complementa con el internamiento domiciliar, procedimientos que antes se hacían con el enfermo hospitalizado, los nuevos equipos y técnicas permiten realizarlos en la consulta externa. Pacientes que antes eran tratados en los pabellones de encamados, ahora son controlados en forma ambulatoria. En el pasado enfermos subagudos y crónicos que no podían valerse por sí mismos y que necesitaban de asistencia se hospitalizaban, ahora muchos de ellos son controlados con la metodología del Hospital de Día, etc.
De lo dicho se desprende que contar con centros hospitalarios con 500, 800, 2,000 o 3,000 camas no son solución para enfrentar y abatir las demandas de salud de los habitantes y la razón es sencilla, dirigen la atención únicamente hacia la enfermedad. Doctrinariamente, en el deber ser, la atención debe dirigirse hacia la salud, la educación en salud, el autocuidado y todas las medidas de protección promovidas por la Salud Publica.
En El Salvador la salud de la población podría andar mejor si en lugar de gastar en costosos hospitales, se incrementa en forma significativa la inversión en Medicina Preventiva. Desafortunadamente todavía existen personas que se preocupan más por lo bonito que luce un hospital que por su funcionamiento, otros creen que cuanto más grandes los edificios “son más modernos” y los que nunca faltan, los que ignoran y minimizan las estrictas normativas sobre su ubicación, diseño, construcción y equipamiento.
Médico.
Más costosos hospitales o más Medicina Preventiva
El Salvador, en el mejor de los casos, para estar en condiciones aceptables, debería disponer de 2 a 3 camas de hospital por cada 1,000 salvadoreños. Estas cifras son prácticamente imposibles de alcanzar por la pobreza del país, los altos costos de los servicios de salud y la dificultad para conseguir los recursos humanos suficientes para implementarlas.
2021-12-13 5:58:39
