En Medicina la información es fundamental. El diagnóstico inicial se basa principalmente en la información que el paciente brinda al médico, quien mediante un proceso lógico de descarte (conocido como diagnóstico diferencial en el lenguaje clínico) llega a una conclusión. Aunque esta conclusión sea preliminar y se tenga que corroborar con el examen físico y pruebas de laboratorio y de gabinete, trae ya la marca de un razonamiento y de un método. La información obtenida sirve asimismo para formular un plan de acción, el tratamiento en sí y otras acciones específicas.
En las enfermedades infecciosas los planes de acción se dirigen a dar un tratamiento eficaz y también a prevenir que otras personas se infecten. Se trabaja tanto en el campo terapéutico como en el campo preventivo. Cada paciente tratado produce información importante. Es esencial saber cuáles tratamientos funcionan y cuales no; cuáles conllevan riesgos y cuáles se pueden administrar sin temor. En el área preventiva se necesita saber las formas de transmisión, las conductas que favorecen el contagio y las que lo evitan, qué factores facilitan las complicaciones y las muertes, factores que pueden deberse a la enfermedad misma o a situaciones externas.
En el caso del COVID-19 mucho se ha aprendido de todos estos elementos. Con casi dos años de pandemia la información obtenida ha servido para ir conociendo más sobre el virus, la fisiopatología y las intervenciones efectivas. Falta mucho por conocer, pero teniendo información constante eventualmente la situación será controlada.
Aunque existe información que tiene validez universal hay que tener en cuenta que lo que sucede en un país o región no necesariamente sucede en otro. Los países o regiones difieren en muchos aspectos, tanto intrínsecos como extrínsecos. La estructura de la población, las enfermedades crónicas prevalentes, diversas costumbres, acceso a servicios de salud, capacidad instalada, cantidad y experiencia de personal especializado, son sólo algunos ejemplos de estas diferencias. Por ello no es suficiente estar pendientes de las recomendaciones de organismos internacionales. Es imprescindible contar con información local, información que surja desde las comunidades hasta los centros especializados de hospitalización. Hay preguntas que necesitan una respuesta clara. Una que nos concierne sería a qué se debe el aumento significativo de muertes por covid-19. ¿Qué está condicionando esto? Si las causas son intrínsecas o extrínsecas es algo que necesita saberse. Con la variante Delta del virus es asimismo importante saber qué esquema de vacunación es el que confiere mayor protección.
La información es importante porque salva vidas. No debe restringirse. La historia de la Medicina es rica en este sentido. La historia de la antisepsia lo ilustra muy bien. Antes de que las prácticas de asepsia y antisepsia fueran de uso común, los cirujanos intervenían heridas infectadas, y sin siquiera lavarse las manos procedían a operar a otro paciente. El resultado era una gran mortalidad, tanta que las personas tenían miedo a internarse en los hospitales. Con el conocimiento de las formas de transmisión y de las formas eficaces de prevenirlas la mortalidad disminuyó. Imaginemos que esta valiosísima información no se hubiera transmitido a la comunidad médica, cuánto hubiera pagado el mundo en muertes y en discapacidad. La observación clínica conduce a hipótesis, que se comprueban con estudios e investigación. Todo esto necesita una información fluida. Así es como funciona la Medicina, así es como logra sus progresos y salva vidas.
Médico Psiquiatra.
