Acoso y prejuicio

La salud mental es una prioridad que, lastimosamente, significa debilidad en el imaginario colectivo salvadoreño. Quitémonos la creencia ideologizada de que hablar con un psicólogo significa locura o debilidad, pues, más bien, nos fortalece y nos ayuda a acabar con el monstruo del blullying.

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La Fiscalía lo acusa de haber lavado $133,564 de fondos de la Presidencia de la República en la gestión del exmandatario. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Por Raúl Arturo Aragón Ortiz

2021-05-19 7:21:10

El acoso escolar, ahora llamado bullying, es un problema que nuestra sociedad tiene incrustado. Algunas veces pasa inadvertido y en otras ocasiones llega a ser muy notorio; de cualquier manera, el bullying representa la cruz y el calvario de infinidad de niños y jóvenes, un monstruo que destruye las vidas de la infancia y adolescencia.
El bulliyng, según una recopilación de estudios realizada por la Revista Chilena de Pediatría, es el principal factor que desencadena depresión y suicidio en niños y jóvenes. Este dato es totalmente alarmante; la Unicef declara que alrededor de 150 millones de estudiantes en el mundo, de entre 13 a 15 años, han sufrido de acoso escolar. Ahora bien, es común pensar que el bullying es estrictamente una pelea física; sin embargo, es un “producto” (llamémosle así) que viene en diversas presentaciones: maltrato u hostigamiento físico, verbal, marginación, rumores, chismes, entre otras formas. Asimismo, todo este tipo de acciones deplorables existen en internet, esto se conoce como cyberbullying y lleva el acoso a las redes sociales en forma de mensajes amenazantes, insultos, memes, etc.
En el escenario del acoso escolar, encontramos al agresor, a la víctima y a los observadores. Cabe recalcar que, generalmente, el agresor es una víctima de otra persona que, queriendo descargar su tormento interno, repite las acciones que ha recibido e incluso las multiplica sobre otros. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, afirmó que los comportamientos de las personas en el presente derivan de su pasado, por lo que el acoso escolar es un ejemplo certero que comprueba esta afirmación. Los observadores pueden ser amigos o compañeros del círculo tanto del agresor como de la víctima, quienes por miedo u otros motivos no denuncian el abuso.
Tomando estas circunstancias en cuenta, voy a analizar una causa terrible del acoso escolar, así como sus efectos. Me refiero a los prejuicios. En filosofía, se define al prejuicio como una opinión previa y desfavorable sobre algo; ahora bien, trataré de ilustrar cómo los prejuicios desencadenan al bullying convirtiéndolo en un problema mayúsculo.
Supongamos que, en un salón de clases, un grupo de niños dañó material escolar. Probablemente, ninguno de los alumnos quiera asumir la responsabilidad, mucho menos, los autores. Sin embargo, en el pasillo, hay un estudiante que está charlando con un profesor. Entre ellos están hablando de un tema que no tiene ninguna relación con el predicamento dado en el aula; no obstante, los verdaderos autores deciden creer que su compañero estaba acusándolos y, buscando represalia, difunden un rumor que se deriva de su prejuicio, poniendo en contra de su compañero a todo su grupo. Al día siguiente, llueven insultos, amenazas y marginación grupal, signos que no cesan debido a que, por las redes sociales, los compañeros contactan a la víctima dedicándole mensajes que amedrentan su integridad moral.
En este breve caso se expone cómo el prejuicio, los rumores y la falta de criterio nutren al monstruo del bullying. Es terrible cómo una persona puede desencadenar una avalancha de odio y maldad sobre otra debido a los prejuicios y a los rumores.
El acoso escolar existe y es un problema real que muchos niños, quizás por miedo u otras circunstancias, esconden. No es fácil comprender a cabalidad las diversas cruces que todos cargamos; sin embargo, le hago una cordial invitación a todas las personas que alguna vez han sufrido, o sufren de acoso escolar, a reconocerlo y a hablar de ello con sus padres y maestros. A quienes observan nada más, la empatía ayuda muchísimo para comprender la situación del otro, no tengan miedo, el bien realizado vale mucho más que el silencio y el dolor.
Por último, la salud mental es una prioridad que, lastimosamente, significa debilidad en el imaginario colectivo salvadoreño. Quitémonos la creencia ideologizada de que hablar con un psicólogo significa locura o debilidad, pues, más bien, nos fortalece y nos ayuda a acabar con el monstruo del blullying.

Estudiante de Licenciatura en Economía y Negocios

Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)