Turquía tensiona relación con Europa por el incidente de la Sofa-gate

La relación entre la Unión Europea y Ankara parece ahora convertirse en un diálogo de sordos cuando tenía que ilustrar un nuevo impulso

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El argentino Lionel Messi, durante el partido en el que su equipo, el Barcelona, perdió frente al Real Madrid. Foto EFE

Por Pascal Drouhaud

2021-04-10 6:21:13

¡Dos sillas, tres responsables para una sola cita entre la Unión Europea y Turquía! Son los ingredientes del “Sofagate” que desgraciadamente quedará del último encuentro en Ankara, entre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y los dos representantes de la Unión Europea: el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula Von der Leyen.
Entrando en el salón para el encuentro se sentaron en sendas sillas, una frente a la otra, los presidentes de Turquía y del Consejo Europeo, mientras la presidenta de la Comisión se quedó de pie. Después de unos instantes de vacilación, ella tuvo que sentarse de lado, sobre un sofá frente al canciller turco. Desde entonces, las redes sociales tanto como las esferas políticas y diplomáticas europeas se animaron febrilmente. Se mezclaron varios sentimientos, tanto sobre la forma como el fondo.
“Sexismo”, “falta de respeto a las mujeres”, pero a la vez “debilidad de la Unión Europea”, “sumisión”, “promesa dada a los conservadores turcos”,... tantas codificaciones que revelaron por lo menos un profundo malestar que provocó esta escena, mientras las relaciones entre la Unión Europea y Turquía se inscriben en un contexto de tensiones.
Lo que hubiese podido quedarse como una anécdota desafortunada se transformó instantáneamente en un revelador de las divisiones estructurales y debilidades europeas frente a un poder percibido como autoritario. Esta escena muestra un hecho cuyo origen se encuentra en los fundamentos de la construcción de la Unión Europea : no existe una figura visible, reconocida, que hable con un peso político fuerte, en nombre de los 27 miembros de la Unión. A diferencia de los Estados Unidos, por ejemplo, la Unión Europea, construida sobre el concepto de la unidad en la diversidad de sus miembros, es un gigante comercial e económico, pero un enano político. ¡Y es normal!
Fundada a partir de 1957 después del Tratado de Roma, se enfocó en un objetivo: crear un espacio económico que pueda favorecer el crecimiento para que nunca más vuelva un conflicto sobre su suelo, al igual de los que marcaron las relaciones entre Francia e Alemania a raíz de los siglos XIX y XX. Objetivo alcanzado: la Unión Europea es uno de los mercados comerciales más grandes del mundo. Estructura técnica está en el cruce de los caminos . A pesar de tener un parlamento elegido por sufragio universal, por los pueblos de la Unión, la figura política queda contenida en los manos de los países miembros.
El presidente de Francia, la canciller alemana, los presidentes de los gobiernos italiano, español o polaco, tienen más protagonismo en el exterior que los responsables del ejecutivo europeo. Y esa realidad se vio, con la violencia del significado de las imágenes, durante el encuentro de Ankara que tuvo lugar esa semana.
Unos vieron la actitud del presidente turco de mantener a la presidenta de la Comisión en un segundo rango. Otros afirmaron que esa situación ilustraba una falta de consideración hacia las mujeres, después de que Turquía salió de la Convención de Estambul sobre la prevención de la violencia contra las mujeres y los niños. Algunos quisieron reducir el incidente a una dimensión protocolaria. Pero, fotos de la cumbre del G20 en Ankara, en 2015, mostraron los entonces responsables europeos, Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, respectivamente presidentes del Consejo y de la Comisión, sentados de la parte de una otra, al Presidente turco. Es decir, la ambigüedad por lo menos, el malestar por cierto, que ilustró el “Sofagate”, interviene en un momento delicado en las relaciones bilaterales. El propósito de la cumbre consistía en establecer la condiciones de un diálogo restaurado entre ambas partes.
Los temas de fricciones no hacen falta: situación en Siria y en el límite Mediterráneo como en Libia, las migraciones de poblaciones hacia Europa, intervención de Turquía en el debate interno sobre la presencia del Islam, intercambios económicos, tantos aspectos de una relación compleja. Cuánta desilusión después de un encuentro virtual el 19 de marzo pasado, que sirvió en establecer el agenda de la cumbre de Ankara: discusiones sobre la reactivación de la unión aduanera, nuevas acciones sobre la temática de los visas, y a la vez sanciones eventuales mientras las fricciones no faltaron en un año : Chipre, Grecia, Alto Karabagh, Siria. El “Sofagate” volvió al punto de partida unas relaciones que, por lo tanto, la geografía, la historia, no pueden ocultar.
Por cierto, la relación entre la Unión Europea y Ankara parece ahora convertirse en un diálogo de sordos cuando tenía que ilustrar un nuevo impulso. Contratiempo o principio de una toma de conciencia pública de la complejidad de una situación potencialmente peligrosa por sus entornos sociales, de seguridad, ideológicos. Mas allá, ilustra el nuevo rumbo que toman las relaciones internacionales en el contexto de la pandemia de la COVID 19, los europeos tanto como otros viendo el centro de gravedad económico y comercial desplazándose día tras día, hacia el continente asiático.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr