Origen de la Pascua cristiana

Aquel cordero sobre la mesa evocaba algo totalmente nuevo, Jesús sería el verdadero Cordero que al derramar su sangre en la cruz borraría todos los pecados de la humanidad. Había empezado la Nueva y Eterna Alianza.

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Dos mujeres aprovechan a orar mientras pasa la imagen de Jesús frente a ellas dentro de la iglesia El Calvario, en el centro de San Salvador. Como no hubo procesión, realizaron un recorrido en el interior del templo. Foto EDH / Jonatan Funes.

Por Oscar Rodriguez Blanco

2021-04-02 8:16:18

Existe una festividad religiosa muy importante para cristianos y judíos: “La Pascua”. Ambas religiones se reúnen cada año para recordar y celebrar hechos importantes que marcaron sus vidas. Los judíos recuerdan el fin de su esclavitud en Egipto, los cristianos el “paso” de Jesús de la muerte a la vida.
La Ciudad de Jerusalén para las fiestas pascuales se llenaba de gente extranjera. Cristo y sus discípulos celebraban esta pascua cada año. El día llamado de los panes ácimos Jesús bajó del Monte de los Olivos triste y pensativo. Los discípulos presentían algo muy grave, tenían miedo. Según autores de libros contemporáneos en Jerusalén se sentía un gran olor a grasa pues las entrañas de los corderos pascuales eran quemadas. Los levitas, bajo la mirada del sumo sacerdote, degollaban los corderos en el templo con gran pericia mientras otros recogían la sangre en copas de oro y las derramaban sobre el altar.
Por la mañana Pedro se había acercado a Jesús para preguntarle: “¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?” (Mc 14-12). Jesús dijo a Pedro y Juan: “Id a la ciudad encontraréis un hombre llevando un cántaro de agua, seguidle y, donde entre, decidle al dueño de la casa: El Maestro dice ¿dónde está mi sala para comer la Pascua con mis discípulos? La señal era extraña, cargar los cántaros era oficio propio de las mujeres. La casa tenía dos pisos: El primero para la familia, el segundo para los huéspedes. Se subía por escaleras exteriores. Pedro y Juan van a los lugares adecuados para comprar lo necesario para la cena. Al regresar preparan el “Matsoth”, pan sin levadura, una ensalada de hierbas amargas, vino suficiente, un cordero sin defectos y el “Charoseth”, salsa de color ladrillo compuesta de almendras, higos, dátiles, y canela machacada en vino. Todo conforme lo que estaba prescrito.
Jesús llega al atardecer (Mc.14.17). No era la primera vez que celebraban la cena pascual, pero en esta ocasión todo parecía distinto, sus discípulos estaban impresionados y temerosos, y como dice Bishop, miraban al maestro esperando una señal de alegría o de tristeza para guiar sus sentimientos. Jesús se ciñe una toalla y empieza a lavarles los pies, un gesto propio de esclavos. Pedro le dijo: ¿Tú me lavas a mí los pies? Y Jesús endureciendo su tono le dijo: “Si no te lavo no tendrás parte conmigo” (Jn,13,8). “Si yo maestro les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros, (jn,13,14). “Y tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es Mi Cuerpo que va a ser entregado por ustedes, hagan esto en memoria mía, de igual modo, después de cenar, tomó el cáliz diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por ustedes” (Luc.19,20-21). Aquel cordero sobre la mesa evocaba algo totalmente nuevo, Jesús sería el verdadero Cordero que al derramar su sangre en la cruz borraría todos los pecados de la humanidad. Había empezado la Nueva y Eterna Alianza. Sus discípulos hasta el día de hoy, siguen repitiendo el mismo gesto en la Santa Eucaristía. Veinticinco años más tarde escribiría San Pablo a los Corintios sobre la Eucaristía. Ellos seguían cometiendo errores, pero no dudaban que lo que “comían y bebían” era realmente la Carne y Sangre de Cristo.

Sacerdote Salesiano