Dios muere en una sangrienta cruz para reconciliar al hombre consigo mismo. ¿Será que las cosas se puedan volver más dramáticas? Es el amor que da impulso a esta cadena de acontecimientos sorprendentes, tal como está escrito: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Aquí podemos encontrar la razón por la cual Jesús voluntariamente fue por la Vía Dolorosa hasta el madero de la cruz, para que el hombre ” no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Vamos mirando hacia atrás al principio. El hombre fue creado para una comunión espiritual y familiar con Dios. Sin embargo, se rebeló y quiso ser su propio dios, un veneno de egoísmo, pecado y maldad manchó la naturaleza humana, algo que el mundo y la historia claramente demuestran. Una mirada en cualquier periódico es convencedor. Pecado es infracción contra los Mandamientos y la voluntad de Dios, ¿y quién de nosotros, por ejemplo, no ha mentido, difamado, robado, tratado mal a alguien, sido duro o egoísta? Este veneno produce un vacío interior y descontento, siendo así que el hombre ahora está fuera de para lo que fue creado: el contacto y la comunión con la fuente de la vida simplemente fueron cortados.
Pero Jesús vino a nosotros. El Hijo de Dios dolorosamente extendió sus manos en la Cruz, como si quisiera abrazar todo el mundo, pero clavos gruesos traspasaron las manos y los pies del Salvador. Jesús llevó nuestros pecados en su cuerpo como un imán enorme, sí, el pecado era los latigazos de los romanos que golpearon la espalda del Maestro hasta sangrar y los martillazos que con clavos gruesos clavaron al Señor en la Cruz. Dios Padre permitió que así fuera, siendo que el castigo fue puesto sobre Él. Jesús tuvo que enfrentar “el problema del pecado” y sus consecuencias terribles una vez para siempre para que cada ser humano sea perdonado por sus pecados y reconciliado con Dios.
Jesús llevó el mismo castigo por nuestros pecados en nuestro lugar. Es así como en una parábola, si tu hubiese cometido un montón de crímenes graves en la sociedad, y estás ahí en el juzgado y te condenan tanto a ser torturado como matado para expiar tus crímenes, pero... ahí se presenta alguien ante el juez y dice: “Yo voy a tomar su castigo en su lugar” y tú sales totalmente libre. Jesús hizo esto por nosotros para que nosotros seamos librados e indultados en el día de hacer cuentas y del juicio, y tener vida eterna en el cielo.
Esta salvación no podemos ganarla por medio de una negociación con Dios. No se puede recompensar una mala vida con buenas obras. El pecado tiene que ser reconciliado, el precio tiene que ser pagado hasta el último centavo y el castigo ser sufrido para que la justicia divina sea establecida. Esto hizo Jesús por amor a nosotros en la Cruz.
La salvación es un regalo libre por la gracia de Dios. Nosotros nos volvemos a Dios, reconocemos nuestra necesidad de Jesús y su salvación, y creemos. Entonces, en esta decisión de creer y confesión ocurre el milagro, el hombre es nacido de nuevo espiritualmente y obtiene una relación restablecida con Dios, una comunión espiritual que nos llena con paz y gozo, una frazada de amor sobre nuestra alma congelada. Y, un Dios con marcas de la Cruz, Jesús en la Cruz, resucitado de entre los muertos en el tercer día y vivo te dice: “Bienvenido a la casa, querido hijo”…
Peter Kujala, evangelista de la Iglesia Baptista de Kalom, y Klas-Gunnar Axelsson, misionero en Bolivia.