Declaro que hago esfuerzos por cuidar lo que escribo. Trato que el mensaje sea claro y unívoco: que su significado sea uno y el mismo, sin importar quienes lo lean. Sin embargo, sucede lo que tiene que suceder: las personas entienden lo que uno quiso decir, pero también y quizás más, entienden lo que ellas pueden desde sus esquemas. Seguramente porque es lo que ellas quisieran decir. Algunos hay, incluso, que señalan “lo que hizo falta decir” o “lo que se debió decir”. Yo agradezco siempre los comentarios. No porque desee que los demás estén de acuerdo con lo que digo (acepto bien ser voz disidente entre la mayoría), sino por la gentileza que significa haber dedicado su tiempo a leer lo escrito.
A veces tengo que aclarar que no dije lo que me dicen que dije. La semana pasada una persona me increpó porque, según su interpretación, yo había incitado a la gente a salir a la calle una vez terminada la ley de la cuarentena. “Por favor, lea de nuevo el párrafo donde usted cree que digo eso pues lo que dije es, justamente, lo contrario”, respondí. Mi punto era que la mayoría nos hemos quedado en casa por convencimiento propio antes que por mandato legal. Me tocó también aclarar, semanas antes, mi postura hacia las actuaciones del presidente. Entiendo claramente que es la autoridad máxima del Órgano Ejecutivo, pero también creo que resultaría en el mejor interés de todos los salvadoreños que los restantes cuatro años su foco fuera más gobernar hacia adelante que pelear hacia atrás. Por eso sugería, con humildad, que alguien le limitara su actividad en Twitter para evitar que difunda trinos con reacciones viscerales que cargan el ambiente y hacen perder estatura y dignidad al cargo que por ahora desempeña, aunque mantengan su popularidad en algunos sectores.
En todo el mundo la normalidad ha cambiado. Los materiales que más se consultan en la actualidad versan sobre cómo hacer frente a la pandemia. Y al hablar de los materiales se darán cuenta de que encuentra usted casi todos los aspectos: cómo cocinar, cómo hacer ejercicio, cómo controlar su presupuesto, cómo reinventarse mientras está en cuarentena. La crisis está afectando —en todo el mundo— en todos los frentes: en lo político (véanse los casos de Brasil y el nuestro como ejemplos sobresalientes), en las facetas laboral, financiera, médica, psicológica, publicitaria, educativa y un largo etcétera. Quedan en ridículo nuestros políticos cuando sostienen el falso dilema salud versus productividad. La vida es más compleja que eso, señoras y señores. Constátenlo ustedes mismos, vean los materiales que les llegan a sus teléfonos, tabletas o computadoras. Son muy diversos.
Circula en las redes un corto video, alojado en YouTube, de Stephen Covey, el gurú de los “7 hábitos de las personas altamente efectiva. Desarrolla el tema de “cuatro conductas claves para generar confianza en tiempos inciertos”. Está dirigido para que líderes de grupos productivos empresariales se dirijan a sus empleados y les ayuden a navegar en estos tiempos difíciles. Sin embargo, creo que podría ser usado por nuestros políticos que, aunque no producen, sí inciden en la vida productiva de todos los demás. Covey explica a los líderes cuatro recomendaciones que le parecen esenciales para generar confianza en quienes los escuchan y los siguen. Palabras más, palabras menos, son éstas:
1. Hágale frente a la realidad, incluso cuando las circunstancias sean las más difíciles. Considere que de su primera reacción puede depender cómo enfrentará las siguientes. No se puede resolver un problema que no se comprende.
2. Debe crear transparencia. No esconda ni encubra sus acciones u objetivos. Los verdaderos líderes son abiertos y transparentes frente a los demás. Si nos sabe algo, dígalo claramente, no lo sabemos, pero intentaremos averiguarlo.
3. Decir la verdad y llamar las cosas por su nombre. Si usted se caracteriza por decir la verdad, por ser claro, su gente podrá “No siempre me gusta lo que él dice, pero puedo confiar en su palabra.”
4. Extender su confianza a la gente. Hágales sentir a sus colaboradores que confía en que pueden trabajar en el contexto de incertidumbre que estamos viviendo.
Aunque eran cuatro conductas claves, cuando termina introduce una quinta recomendación: Demuéstrele a las personas que está interesada en ellas. Y que trabaja en ese sentido. Hasta allí Covey. Con todo respeto, yo sugeriría que todos, no solo nuestros políticos, hagamos una especie de “lista de cotejo” con esas recomendaciones para revisar nuestros propios actos. Esta situación no podrá ser eterna, pocas psiques y empresas la tolerarían sin un quiebre significativo. Ahora que tendremos que guardarnos un par de semanas más, tenemos que empezar a mostrar disciplina para prepararnos para la salida. Será el tema de la próxima semana si no sucede algo más.
Psicólogo.
