ANÁLISIS: En el ajedrez Irán-Estados Unidos, Trump parece haber ganado el primer asalto

Irán sufrió la caída de uno de sus principales líderes, el general Qasem Soleimani.

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El presidente Donald Trump brindó una conferencia tras el ataque de Irán contra bases aéreas de Estados Unidos. Foto/ AFP

Por Ricardo Avelar

2020-01-11 8:10:59

“Todo está bien”. Esas fueron las primeras y polémicas palabras con las que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reaccionó al lanzamiento de decenas de misiles iraníes a diferentes bases militares que albergaban a tropas estadounidenses en Irak.

“Misiles fueron lanzados desde Irán a dos bases militares ubicadas en Irak. Estamos evaluando si hubo víctimas y los daños en estos momentos y hasta ahora, ¡todo bien!”, añadió el mandatario estadounidense, quien concluyó su mensaje con una clara amenaza al régimen en Teherán: “Tenemos las fuerzas armadas más poderosas y equipadas del mundo, y por mucho”.

Pocas horas atrás, el régimen iraní se adjudicó el lanzamiento de misiles en la operación “Mártir Soleimani”. Este ataque fue en represalia al asesinato del principal líder militar de ese país, Qasem Soleimani, quien fue alcanzado por un proyectil lanzado desde un dron estadounidense al llegar a Bagdad, capital de Irak.

Desde el ataque estadounidense, hubo especulación en diversos medios sobre el tipo de respuesta que Irán iba a tener. Después de todo, Estados Unidos eliminó a su primer líder militar y una de las figuras más reconocidas del país. Sin embargo, la respuesta de Teherán luce tímida y poco proporcional a la luz de la agresión autorizada por el presidente Donald Trump.

El mismo Trump parecía sonar victorioso en su tuit. Horas después, en una alocución matutina, el mandatario pareció desescalar el tono bélico y de confrontación, pero intuyó un parcial triunfo: “Irán parece estar retrocediendo, esto es algo bueno para todas las partes involucradas y para el mundo”. En este discurso, consideró a Irán una fuerza “destructiva y desestabilizadora” y prometió que mientras él gobierne, este país nunca tendrá acceso a un arma nuclear.

Miles de personas acompañaron el domingo 5 de enero el ataúd que llevaba los restos del general iraní­ Qassem Soleimani por dos ciudades iraní­es importantes. Foto agencias

El presidente estadounidense también anunció sanciones para Irán. Todo esto, sin embargo, con un tono moderado y tranquilo. Como quien sabe que se ha agenciado un triunfo. Parcial, quizá. Preliminar también, pero un triunfo.

El general Amir Ali Hajizadeh, líder de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria de Irán, pareció confirmar el mensaje de Trump: “No pretendimos matar”, dijo este miembro de la rama de la armada de ese país que se atribuyó los ataques con misiles. “Solo quisimos atacar la maquinaria militar del enemigo”, añadió.

¿Triunfo?

Irán sufrió la caída de uno de sus principales líderes pero solo ha respondido -ojo, hasta el momento- con lanzamiento de misiles que no han provocado víctimas.

Por otro lado, el presidente Trump logró deshacerse de uno de los principales objetivos de su administración, el general Qasim Soleimani, a quien por mucho tiempo su país ha acusado de planear ataques que provocaron la muerte de cientos de estadounidenses.

“Las manos de Soleimani estaban llenas de sangre estadounidense e iraní. Él debió haber sido eliminado hace mucho tiempo. Al eliminarlo, hemos mandado un poderoso mensaje a los terroristas. Si valoras tu vida, no vas a amenazar a nuestra gente”, dijo el mandatario, nuevamente victorioso.

El balance de este breve pero aparatoso incidente internacional parece inclinarse de manera dramática al lado de Estados Unidos y Teherán parece haber reaccionado casi de forma simbólica, si se considera la capacidad de su armamento y la tecnología para hacer ataques precisos y hacer daño.

La noche del ataque, el régimen iraní también advirtió que los aliados de Estados Unidos también son sus enemigos y previno que podría atacarles, en particular la ciudad de Haifa al norte de Israel y Dubái, la metrópoli de los Emiratos Árabes Unidos. Estos ataques, se preveía, podían venir de células terroristas vinculadas a Teherán, como Hezbollah o los hutíes en Yemen.

Pero hasta el momento, nada de eso. Nuevamente, perdieron a su principal general sin mayor respuesta. El punto, parece hasta el momento, se lo ha llevado Trump.

La carrera presidencial

No debe olvidarse que estas acciones se enmarcan en una carrera por la reelección de Donald Trump, la cual se definirá el 3 de noviembre.

Sus principales cartas han sido el desempeño de la economía y una firme política exterior, la cual ya produjo el final del temido grupo terrorista suní Estado Islámico, que aterrorizó rincones del Medio Oriente y se atribuyó ataques terroristas en diversos rincones del mundo.

Al inicio, asesinar a Soleimaní se vio como un hecho desproporcionado e imprudente. Esto incluso fue señalado por uno de sus posibles contendientes, el exvicepresidente Joe Biden, quien afirmó que si bien nadie lamentaba la muerte del general iraní, lamentó que esta fuera a traer más inestabilidad y abrir la puerta a ataques u otra guerra en Medio Oriente.

Sin embargo, como se dijo antes, la respuesta iraní parece darle la razón a Trump: el ataque sacó del camino a un peligroso enemigo de su país y ante el electorado, el presidente ha mostrado firmeza.

Dentro del bando demócrata que busca desbancar al mandatario, el dilema es claro: o se apoya al mandatario en una parcial victoria, traicionando al votante progresista y al sentimiento pacifista de los moderados y la centroizquierda estadounidense, o se le condena, alienando a todos aquellos que creen, con alguna razón, que su país está más seguro pues el autor intelectual de graves crímenes ha sido asesinado.

Y sí, la Cámara de Representantes aprobó el jueves 9 una medida para prevenir que Trump tome nuevas medidas militares contra Irán. Esto refuerza el control que el ramo Legislativo busca tener sobre el uso de la fuerza contra fuerzas extranjeras. Pero a los ojos del electorado, esto puede resultar más un asunto procedimental, mientras que el gran mensaje fue enviado y favoreció al mandatario: se eliminó a un enemigo peligroso y por ello se pagó -aclaro, hasta ahora- un costo muy bajo.

Y si el tablero no se modifica mucho, esto puede beneficiar a Trump de cara a su lucha por la reelección. Y, de paso, puede caerle bien a uno de sus principales aliados en Medio Oriente, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, quien el 2 de marzo buscará lograr mayoría parlamentaria por tercera vez en menos de un año y cuya campaña ha girado en torno a que este país se muestre más agresivo con sus enemigos en la región.