“Queremos hacer de Europa el primer continente neutro para el clima, en el mundo, con horizonte a 2050”, declaró la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.
Esta declaración ante el Parlamento Europeo, pocos días después de haber tomado sus funciones, permitió presentar la nueva estrategia de crecimiento económico para los próximos decenios en Europa.
El Pacto Verde no es solamente una voluntad de contribuir en la reducción de las emisiones de carbono. Se trata, por decir la verdad, de una ambición asumida por Europa, de forjar nuevas bases de desarrollo económico para el continente. Se toma en cuenta los nuevos desafíos tecnológicos, económicos, comerciales . El objetivo es adaptar el aparato de producción para crear empleos y ser influyente en la nueva economía que surge. “Es el hilo verde que guiara el conjunto de nuestras políticas, del transporte hasta la fiscalidad, de la alimentación a la agricultura, de la industria hasta las infraestructuras”, afirman miembros de la Comisión.
Por cierto, el horizonte económico y social de Europa está transformándose. La nueva presidenta de la Comisión Europea (el Poder Ejecutivo de la Unión Europea) considera que la transición económica pasa por la transformación de los medios de producción y de empleos europeos .
Son muchas las empresas europeas que se comprometen con la economía verde, para reducir su huella carbono desarrollando tecnologías limpias. La verdad es que se está tomando conciencia de los límites naturales del planeta para poder proyectarse en soluciones duraderas. Para llegar a este resultado, la Comisión Europea sabe que se debe poner en marcha un plan de inversiones para una Europa duradera. El plan será de 1000 billones de euros de inversiones en los 10 próximos años.
Se organizará este plan con el Banco Europeo de Inversiones y con el Banco Europeo del Clima. Por cierto, la nueva Presidenta define su ambición en materia de política ambiental pero con elementos nuevos: esta vez el medio ambiente se percibe como un elemento de desarrollo económico . El “European Green Deal” es ilustra una visión ambiciosa y a la vez realista. En fin, se siente un soplo nuevo, en un terreno que ciertamente volverá central en los próximos años: la transición ecológica. Llegar a la neutralidad climática hacia 2050 con nuevas reglas legislativas previstas en marzo de 2020.
Varios países la ven como un riesgo para su esquema económico, pero la Comisión Europea tiene confianza en esta visión, razón por la cual propone un acompañamiento financiero. Su argumentación está basada sobre el costo económico que representa la ausencia de acción. Según ella, el hacer nada costaría 200 mil millones por año suplementarios a la economía europea.
El Pacto Verde está presentado como “la nueva estrategia de crecimiento de la Unión Europea para los años entrantes” con el fin de “reconciliar la economía con el planeta” con una estrategia que la Comisión quiere “inclusiva” para los Estados miembros y las regiones. Se trata de una “estrategia medioambiental global, de lucha contra las poluciones, contra la caída de la biodiversidad”. No quiere que sea la política climática de la Unión Europea. La presidenta Van der Leyen sabe que la definición de estrategias tan complejas exige tiempo para llegar a la adhesión. El objetivo político es ver esta estrategia definida de manera sistemática en todas las políticas de la Unión Europea.
Las decisiones europeas tendrán que ser coherentes con el “European Green Deal”, se dice en la Comisión. Ya se entiende, por ejemplo, que la próxima política agrícola común tendrá que ser definida bajo esta nueva percepción tanto como el presupuesto europeo que se está negociando. Concretamente, se quiere hacer de los Acuerdos de París sobre el clima una “ condición sine qua non” de los próximos acuerdos comerciales como lo son hoy en día.
Con el tiempo se entiende que el Pacto Verde llegará a una revisión de varios políticas europeas; habrá, por ejemplo, un plan de desarrollo de los puestos de recarga eléctricos, de iniciativas particulares para la transición ecológica de los puertos, con un trabajo de reflexión sobre el precio de los transportes para favorecer los transportes limpios . Un plan de inversión para el sector ferrocarril está también estudiado. Tantas opciones y aperturas económicas que tarde o temprano tendrán consecuencias en los acuerdos internacionales, en favor de una economía con principios duraderos y una adaptación a la meta verde.
Es así, haciendo participar todos los miembros y socios internacionales que se podrá edificar nuevos pilares de desarrollo y crecimiento económico. Seguramente, tocarán también a los acuerdos que unen la Unión Europea a Centroamérica. Serán elementos muy en favor de un impulso al desarrollo económico adaptado al rumbo del mundo: la economía circular, la transición ecológica, la baja emisión de carbono y los cambios en la forma de consumir y producción.
Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr
