“Hay que enseñarle a los padres a que sufran con la enfermedad de sus hijos”

Todos los días, los 12 meses del año, el médico está disponible para ayudar a los pacientes que son atendidos en la Unidad de Máxima Urgencia del hospital Bloom. El médico dice que la vida del intensivista es difícil porque la mayor parte de su día pasa en el hospital atendiendo a pacientes críticos; aunque en él siempre existe tiempo de calidad para su familia.

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Por Violeta Rivas

2019-11-29 4:30:04

Luis José Guzmán Flores es el jefe del departamento de Cuidados Intensivos del Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom, es pediatra, especialista en medicina crítica pediátrica y tiene 20 años de ejercer su profesión en el país.

“Desde que tengo uso de razón quise ser médico, y cuando tuve la oportunidad de llegar a este grandioso hospital (Hospital Bloom) dije ‘tengo que ser pediatra’, y cuando conocí la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) fue como amor a primera vista, ver los casos más difíciles de tratar, un niño que se puede recuperar, donde se puede cambiar el curso natural de la enfermedad”, dice el especialista.

El médico también es el recuperador del programa de Cirugía de Corazón Abierto del Hospital Bloom, que funciona en el nosocomio con el apoyo del Ministerio de Salud y de fundaciones altruistas que ayudan a que muchos niños con problemas cardíacos sean beneficiados.

“Con este programa todo el equipo tratamos de luchar por sacar adelante a todos los niños y jovencitos que sufren de problemas cardíacos congénitos, y en un bajo porcentaje a menores que padecen de problemas cardíacos adquiridos”, expone.

El médico cuenta que hace 20 años, en el hospital Bloom no había oportunidad laboral para los médicos jóvenes, algo que ha cambiado actualmente, y por esa razón, a su regreso al país, luego de estudiar su especialidad, comenzó su labor médica en el Hospital Militar Central, y apoyaba, ad honorem, en el hospital Bloom.

Fue hasta que un médico le dio la oportunidad de formar parte del programa de cirugía cardiovascular que pudo iniciar su labor permanente en el hospital nacional que atiende a la niñez; en el año 2005 comenzó laborando durante dos horas, trabajo que se ha extendido ahora a seis horas.

Narra que su día comienza a las 6:00 de la mañana con la visita a los 22 pacientes que están en las cunas de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) donde analizan sus padecimientos y ven las opciones para poderles brindar el mejor tratamiento para su enfermedad, ya que son pacientes de diferentes especialidades médicas.

“Cada día recibimos niños que vienen graves, ya sea de otros hospitales, o de otros pisos del hospital Bloom o del área de Emergencia, y nosotros tenemos que ver cuál es el paciente más estable para poder trasladarlo a otra unidad, ya sea Medicina Interna o especialidad, y esa cuna está lista para recibir al nuevo paciente. Esa es la dinámica de todos los día en esta área”, dice Guzmán.

Dentro de la faena diaria también está el impartir clases para los médicos que se están formando para la especialidad de pediatría, quienes reciben clases todos los días del año, durante una hora, en la Unidad de Formación Profesional del Hospital Bloom, que está avalada por la Universidad de El Salvador (UES), para luego dirigirse a atender a los pacientes en los diferentes pisos y realizar la visita general.

Guzmán también se encarga de ver las necesidades en el área de UCI, entre estos los insumos que se necesitan para realizar el trabajo, trámites de pacientes, solicitud de exámenes de laboratorio, entre otras necesidades que se presentan durante la mañana, ya que su tarea continúa por la tarde, pero en su clínica privada.

“Cada día se realiza una evaluación de los pacientes, de lunes a sábado, vamos cama por cama, porque es un niño delicado, que está con ventilador mecánico, que tiene apoyo de medicamentos especiales, entonces le dedicamos la mayor parte del tiempo a ellos, para ver las necesidades que tiene dependiendo de las condiciones fisiológicas o fisiopatológica que esté presentando; la evaluación de cada uno de los niños nos lleva alrededor de una hora o una hora y media para analizar, entre interacciones de medicamentos, ver si hay órganos dañados, hablar con los padres, a veces dar consuelo, dar esperanzas, a veces celebrar que salimos adelante, y a veces nos sometemos a la voluntad de Dios cuando el niño lo perdemos en la UCI”, comenta el médico.

Explica que en la Unidad de Cuidados Intensivos un 98 %, son menores que necesitan una cirugía para corregir problemas congénitos, y los casos se clasifican según la complejidad, los más complicados son los de pacientes que necesitan cirugías por problemas cardíacos, esas operaciones el hospital las está realizando con excelentes resultados.

“De hecho, la mortalidad en este año ha disminuido casi a la mitad de lo que teníamos en el 2018, entonces las técnicas, el equipo, los insumos, el medicamento, el personal de enfermería, el personal paramédico, tenemos también nuevos médicos intensivistas jóvenes que nos están echando la mano, eso ha hecho que podamos avanzar en el programa de cirugía cardiovascular”, relata el pediatra.

Expone que uno de los momentos más complicados es cuando no hay medicamentos que los pacientes necesitan para su padecimiento, ya sea porque en el país no existe el fármaco, porque no hay manera de conseguirlo, ya sea desde el punto de vista económico o que no hay una empresa farmacéutica que pueda facilitar el producto, y es por eso que las jornadas médicas son de gran ayuda para el hospital, ya que vienen de Estados Unidos, Alemania, Italia y España, o de otros países, a realizar cirugías y además apoyan con traer medicamentos e insumos médicos que en el país no hay.

“Ahora tenemos una facilidad, que es que el gobierno nos apoya agilizando el trámite burocrático, eso antes existía pero era un poco más lento, ahora es más rápido y esto favorece en el tiempo que para el niño en estado crítico es indispensable, porque significa que entre más rápido yo lo atienda y lo recupere el chance de vivir es mayor, es fundamental, por eso el medicamento aquí se necesita para ahora, no lo necesito en una semana, porque ya para la próxima semana muy probablemente ese niño puede fallecer”, expone Guzmán.

Según la opinión del pediatra, el área de medicina crítica es como un abanico y es versátil porque en la UCI ven a los pacientes más delicados de cualquier especialidad, donde puede trabajar con hematólogos, oncólogos, cirujanos, por esta razón es que se inclinó por dedicarse a velar por la salud de los menores en estado crítico.

“Puedo atender un niño con quemaduras, un paciente con cáncer, puedo ver también un prematuro que tenga una enfermedad de la membrana hialina por inmadurez, podemos atender a un niño con una cirugía de corazón abierto, esa versatilidad es lo que más me llama la atención en la Unidad de Cuidados Intensivos, siempre hay algo nuevo que ver y también es importante destacar que en esta especialidad es que siempre hay algo que innovar, siempre basado en el método científico”, explica.

En terapia intensiva, comenta el intensivista, todos los días viven algo nuevo, siempre sometido al método científico como en el caso de las correcciones anómalas de venas pulmonares en el recién nacido, que hace 20 años no podían hacer en el hospital y el bebé moría y se desconocía la razón del fallecimiento, pero actualmente la pueden reparar y ofrecer una vida sana al bebé.

“Eso es lo importante de esta unidad, que damos una oportunidad para vivir, por eso el eslogan de la UCI es “salvar la vida, pero limitar el daño”, porque de qué sirve salvar la vida de un niño y dejarlo con una parálisis cerebral infantil, lo importante ahora es tener un niño sano pero que sea productivo para la sociedad”, dice el médico.

Guzmán explica que por esa razón permanece aún, luego de 20 años de trabajo en la UCI, además porque que está rodeado de un equipo multidisciplinario, donde puede conocer de todas las especialidades, y eso es lo que manifiesta es lo interesante de la terapia intensiva, que es versátil.

La UCI tiene atención de intensivistas desde las 6:00 a.m. hasta las 10:00 p.m. quienes hacen sesiones, si es necesario, para ayudar con los padecimientos de los menores que llegan a la unidad, dice el médico.

Guzmán asegura que en San Salvador son siete intensivistas con los que cuenta el hospital, y tanto en Santa Ana como San Miguel solo son dos especialistas en cada nosocomio, por lo que el país solo cuenta con 11 intensivistas, razón por la que existe una gran necesidad de que se formen más profesionales con esta especialidad, para poder abarcar a más pacientes y darles una buena atención.

“Somos bien pocos, necesitamos más, hay dos que se están formando fuera del país, y esperamos generar un programa propio para generar intensivistas”, añadió.

Implementando la humanización

Una temática nueva que tienen en la UCI es la humanización de la terapia intensiva, y para eso trabajan de la mano con la Ludoteca del hospital, quienes ayudan a que el personal vea a los menores ingresados como seres humanos y no como un número o quien solo ocupa una cama, explica el especialista, donde es relevante que el personal entienda que la familia es importante para la atención del paciente, además de humanizar a la familia, ya que en ocasiones los familiares dejan al niño en el hospital y no lo llegan a visitar.

“A veces en el país no somos tan humanos, vienen, dejan al niño y se van y no los vienen a ver. Hay que enseñarles a los papás a que cuiden a sus hijos, a que sufran con la enfermedad que sufre su hijo, a que se alegren cuando se recupera este paciente y también a entristecerse cuando lo perdemos, porque hay que ayudarlos en ese paso de separarse”, sostiene el médico.

Hasta el momento en la UCI practican juegos, escuchan música, y practican la lactancia materna, con los menores que pueden realizar las actividades, ya que muchos de ellos se encuentran en condiciones críticas.

El lado personal del médico

En cuanto a lo personal, Guzmán cuenta que su esposa, con la que lleva 25 años de casado, es el pilar fundamental de su familia, a quien conoció desde que era estudiante de la carrera de medicina, quien ha ido junto a él y sus cinco hijos aprendiendo y siguiendo su rutina diaria de trabajo, por lo que no ha tenido problemas por el tiempo que destina para compartir con sus seres queridos.

Cuenta que sus dos hijos mayores, que ya están estudiando en la universidad, no han seguido sus pasos y se han interesado en otras profesiones, pero sus tres hijas menores son más apegadas a él y dos de ellas quieren estudiar la carrera de medicina.

Comenta que hace 20 años en el hospital Bloom no había oportunidades para los médicos jóvenes, una situación que ha cambiado en la actualidad, lo que es beneficioso para la atención de los pacientes.

“Mi trabajo desde hace 20 años ha sido 7, 24 y 365”

Guzmán explica que el ser intensivista es un trabajo sacrificado, ya que los turnos son de 36 horas, debido a que son pocos intensivistas los que existen en el país, es por esto que se da la necesidad de más personal con este tipo de especialización, y enfermeras también que sepan atender este tipo de pacientes.

“Todos los días, los 12 meses del año estamos disponibles para poder ayudar, claro, somos humanos, tengo familia, tengo esposa, hay cumpleaños, y a veces tenemos que apartarnos del trabajo pero en un porcentaje menor, pero esa es la vida del intensivista”, sostiene.

En total, en terapia intensiva médica hay 27 enfermeras que atienden a los niños, además de cinco intensivistas, el jefe de la unidad médica, 10 terapistas respiratorios, 10 enfermeras para la UCI, 2 secretarias, cuatro personas de limpieza y una enfermera que se especializa en enfermedades de atención sanitaria y dos supervisoras.

El intensivista expone que todo el equipo está siempre dispuesto a trabajar, pero todavía existe la falta de personal, porque es necesario que haya intensivistas que estén de forma permanente en el hospital, principalmente por la noche.

Espera que de forma pronta exista apoyo de una de las universidades del país para que ayuden con el pensum para especializar intensivistas, y así puedan atender a más niños con situaciones complicadas, así como la necesidad de un especialista en circulación de membrana extracorporea que es un equipo que permite realizar el trabajo del corazón, cuando se realizan las operaciones de corazón o de pulmón.