Un viejo dicho que muchas veces escuchábamos sin entender su significado, podría acomodarse a situaciones de nuestro entorno político. “Con cascaritas de huevo” era el comentario que se hacía cuando alguien, sin mayor conocimiento de la realidad, presumía de que realizaría importantes negocios que le generarían jugosas ganancias, y como se sabía que el pretencioso soñador carecía de los medios económicos para financiarlos, todos se burlaban diciendo que “con cascaritas de huevo”.
Y parece que así se financiarán muchos de los proyectos del nuevo gobierno, como la seguridad del país, poniendo fin a la violencia que nos aqueja. El presidente anuncia un ambicioso plan para el que se han erogado $30 millones, luego ha solicitado $91 millones más, para finalmente pedir a la Asamblea la aprobación de $575 millones para la segunda etapa del plan, $200 millones de los cuales se financiarán con deuda.
Y como los diputados han pedido más información sobre el proyecto y la manera como se distribuirán los fondos, el mandatario responde con un indignado tuit que si no lo aprueban, será señal que no están en favor del pueblo y haciéndolos responsables del incremento de la violencia. Tal vez no ha considerado que la deuda actual constituye el 70% del PIB, lo que pone en serio problema nuestras ya debilitadas finanzas. Esperemos que el Ministro de Hacienda le recuerde que no se puede pagar con cascaritas de huevo.
De actualidad, el emplazamiento que el COENA ha hecho a 4 de sus diputados, por razones que la ciudadanía ajena al partido desconoce, pero las declaraciones de las dos señoras señaladas ponen en evidencia su nivel de preparación y la experiencia política que las hizo idóneas para desempeñar tan alto cargo.
Doña Milena Mayorga afirma que el partido quiere terminar con su carrera política, recién iniciada y aparentemente con el pie izquierdo, porque en su afán de contribuir a mejorar la educación, dio su desinteresado apoyo al presidente Bukele de destinar $16 de los $32 millones del préstamo del BCIE para el nuevo Palacio Legislativo, para la construcción de 50 escuelas y otras tantas bibliotecas. Su dramática defensa es que su partido la está castigando por su buen corazón. No ha entendido que no solo su partido, sino los salvadoreños pensantes, y hasta los que cometieron el error de votar por ella la están condenando por su ignorancia de no saber que si un banco concede un préstamo para un fin determinado, no puede destinarse para otra inversión.
Doña Felissa Cristales, también en el banquillo de los acusados, tuvo la osadía de criticar en las redes sociales a una importante empresa nacional por su defensa del medio ambiente, calificándola de hipócrita por “ser una de las empresas más contaminantes del país”. Y gracias a tan desafortunada opinión, en un tiempo récord recibió cientos de burlas y acusaciones, para que se enterara que esta empresa y sus dirigentes han recibido premios por su contribución al respeto del medio ambiente y sus esfuerzos por reciclar el plástico, con programas innovadores dignos de emular en el país y en el extranjero.
No conozco a los otros dos diputados señalados; únicamente que la principal credencial del señor Escalante es tener la suerte de ser yerno de doña Milagro Navas. Pero estos sucesos de nuestro quehacer político, que tan oscuro se presenta, nos hacen pensar que tanto el mandatario como los dos diputados ocupan estas posiciones porque hubo quien los eligiera, lo que confirma otro dicho de antaño: “No es la culpa del indio, sino del que lo hace compadre”.
Maestra
