Estoy convencida de que uno de los retos más importantes que enfrentan las economías en general y las empresas en la actualidad, es la de cerrar la brecha del pago de salarios de talento por género. Esto engloba aspectos de justicia social y de cumplimiento de objetivos de desarrollo sostenibles, a la vez que impulsa la competitividad de manera integral.
Bajo esta premisa, varios países de la región, incluido El Salvador, han aprobado leyes en los últimos años que promueven la participación igualitaria en el empleo y, así la eliminación de cualquier diferenciación salarial entre hombres y mujeres en razón del desempeño de un mismo cargo y función laboral.
De esta manera, considero que las sociedades y las compañías que deseen ubicarse en un entorno de futuro deben asumir la igualdad salarial, así como otros temas de inclusión y diversidad, de forma rigurosa dentro de sus prácticas y políticas de cumplimiento. Estamos hablando de esfuerzos integrales por el desarrollo, mucho más que por aspectos aislados o individuales.
Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, que elabora la Dirección General de Estadísticas y Censos en El Salvador, muestra que la diferencia de salarios mensuales entre los hombres y las mujeres han incrementado entre 2006 y 2017, pasando de $29.91 a $56.45. Estas cifras hay que analizarlas bajo la consideración de que la igualdad y la inclusión, más allá de un derecho humano, tratan de un asunto trascendental para el desarrollo económico y social del país.
En 2018, el Índice de Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial analizó la situación de los países para lograr el desarrollo de las mujeres, que desemboque en mayor crecimiento, competitividad y preparación de las empresas y países. El Salvador destaca en el índice de salud, pero está rezagado en cuanto al índice de participación y oportunidades económicas para las mujeres.
A nivel regional hay empresas que se encuentran realizando esfuerzos importantes para hacer que esta desigualdad desaparezca, logrando equilibrios de género y siendo exitosos por ejemplo en temas de inclusión y diversidad a la hora de contratación de personal.
En días recientes, y como ejemplo de estos esfuerzos, Philip Morris International (PMI), se convirtió en la primera compañía internacional en obtener la certificación a nivel mundial en igualdad salarial de la organización independiente EQUAL-SALARY Foundation. Esta certificación también la obtuvo Philip Moris en varias oficinas a nivel global. La metodología utilizada verificó que la compañía les paga a todos sus colaboradores, en más de 90 países a nivel mundial, de forma equitativa por el mismo trabajo, independientemente del género.
Para PMI, pagar por igual a hombres y mujeres por trabajos del mismo valor es el estándar mínimo de igualdad. Es un derecho humano básico, que permite que las economías de los países crezcan, lo que conlleva a un aumento en el progreso social.
Un reciente estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que “cada vez son más las mujeres que se insertan al mundo laboral y las que logran acceder a empleos en el sector formal de la economía. La inserción laboral de las mujeres se traduce, en primer lugar, en crecimiento económico y desarrollo social para los países. Además, implica aumentar las utilidades del sector empresarial, pues cuando las mujeres no trabajan de manera remunerada, los países y las empresas están perdiendo buena parte del talento disponible”.
El reto, como sociedad, es lograr que la igualdad de género forme parte del quehacer de las organizaciones y empresas desde lo interno, a la vez que permee a otras esferas, por ejemplo sus familias, amigos y comunidades.
Gerente General para Centroamérica
Philip Morris International
