El domingo 21 de febrero de 2016, la dictadura socialista boliviana convocó a un referendo nacional, para consultar al pueblo si estaba de acuerdo con que el actual gobernante, Evo Morales, se postule como candidato por cuarta vez en las elecciones generales de 2019. (Según Evo, solo es por tercera vez, porque la primera no valió, ya que no gobernó por cinco años).
La respuesta fue contundente. El 51.3 por ciento de la población dijo ¡NO! (Pese al fraude y la compra de votos).
La Constitución Política Boliviana, elaborada por el mismo gobierno que busca la reelección, no permite más que dos términos de cinco años a un mismo candidato.
Sin embargo, el autócrata gobernante hace 13 años que se acomodó en el Palacio Presidencial y no quiere salir de él.
El ignorante, pero vivo (mejor dicho, se cree vivo y piensa que los demás somos idiotas) presidente campesino, alega que “negarle postularse, va contra sus derechos humanos”.
La imbecilidad, que es el común denominador de Nicolás Maduro y Evo Morales, en realidad es la tarjeta de presentación de la extrema izquierda en todas partes, incluidos Estados Unidos. (Ni qué decir de Europa, donde inventaron el socialismo y también el nazismo).
Los socialistas, particularmente el venezolano y boliviano, no andan solos. Tienen de apoyo a algunos más listos que ellos (cualquiera) que les indican cómo desenvolverse. En Venezuela es Diosdado Cabello; en Bolivia, Carlos Mesa.
Cabello es parte del régimen. Mesa es el aparente opositor, que cuenta actualmente con una mayoría relativa de votos a favor que supera el 30 por ciento.
Carlos Mesa se hizo popular en Bolivia durante los primeros años de vida democrática moderna como locutor televisivo, cuando emitía juicios de opinión en general moderados, ayudando a consolidar la incipiente democracia. (En el país con más golpes de Estado del mundo).
El hombre parecía prudente y Gonzalo Sánchez de Lozada (último presidente democrático) lo eligió como su acompañante para la vicepresidencia. Mesa le hizo un mini golpe de Estado que puso fin con la democracia y elevó a Evo Morales a la presidencia.
Aunque la ciudadanía ya dijo que no quiere que Evo Morales vuelva a postularse, al déspota le importa un comino el deseo popular y convocó a elecciones para el 20 de octubre de 2019.
Los únicos candidatos opositores conocidos que le siguen el juego y legitiman su fechoría son: Carlos Mesa, Jaime Paz Zamora (ex vicepresidente de Hernán Siles Zuazo, de izquierdas, y, posteriormente presidente en connivencia con Hugo Banzer, de derechas). Y, Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada en su primer gobierno. (Otro que saltó de la izquierda indigenista a la derecha oligarca).
El Senado de Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos (OEA) han calificado estas elecciones bolivianas de ilegítimas; no obstante, los arribistas y el régimen totalitarista continúan dándole manija.
El pueblo, pese a haber votado por la no reelección de Evo, se va a presentar a las elecciones. Porque como hicieron en el pasado, si no votan, los gobernantes les quitan sus derechos civiles.
En el momento de ir a votar (el voto es “obligatorio”, una incongruencia democrática), el elector recibe un carnet que lo acredita. Ese documento es posteriormente solicitado para hacer cualquier trámite público, bancario, comercial o para salir de viaje o lo que les venga en gana a las autoridades.
Como la ciudadanía tiene miedo de quedarse sin cobrar su salario (cheque) o verse limitada en sus derechos tiene que ir a votar… ¡Sí o sí! A menos que se arme una podrida monumental antes de las elecciones. Y, según la tradición boliviana, que es más dinámica que la venezolana, será mucho más revoltosa y efectiva que la caribeña. [©FIRMAS PRESS]
Analista político.
*www.josebrechner.com
