Delantera del Audax Italiano 1964, desde la Izq.: Luis Vargas, Ismael Pérez, Abraham Zamora, Leonardo Salas y Aurelio Vásquez. Foto: EDH / cortesía
La gloria que Salas regaló a los albos
El chileno marcó goles decisivos para que Alianza fuera campeón de Concacaf en 1967-1968
Cuando a Leonardo Salas se le pregunta sobre su historia en el fútbol, casi sin pensarlo dice “uhhh” y en segundos su mente viaja por décadas al pasado: a esos años de gloria, a esos días felices de los que poco rastro queda en sus ojos tristes, en su cabello cano y en las arrugas de su rostro.
Sobre el fútbol, un recuerdo en particular da vueltas, como una cinta sin fin, en su cabeza. El día en que conoció a Hernán Carrasco, quien entonces era director técnico de Alianza en El Salvador. Fue en Chile, de donde ambos son originarios. Fue una tarde de los 60s, mientras Salas jugaba un partido.
“Es que desde niño me gustó mucho jugar”, dice con tono pausado, el mismo paso con el que transita por los caminos de su memoria. Recuerda que “el día en que llegaron a Chile los de Alianza”, lo primero que hicieron fue fijarse en él. “Un jugador inigualable”, se describe. A Carrasco, según el relato de Salas, lo acompañaban otros directivos del equipo albo y algunos jugadores.
“Magnífico, magnífico”, recuerda que le dijeron al verlo jugar y lo siguiente fue que, según su memoria, “los de Alianza” lo ficharon ahí mismo y al poco tiempo ya estaba en El Salvador, listo para debutar.
Lo que sí recuerda, casi a la perfección, es que era un sábado en la noche cuando jugó por primera vez vistiendo los colores de Alianza. La emoción lo invade, la garganta se le quiebra, los ojos se le vuelven un espejo de cristal. Los recuerdos dejan de ser sombras borrosas. “Fue increíble, fue un sueño hecho realidad”, expresa.
“Yo ya había averiguado quién era Alianza”, relata. “Eran el equipo más fuerte de El Salvador los meros meros”, señala con orgullo. Leonardo recuerda que solo un equipo se acercaba al nivel competitivo de los albos. “Águila”, dice con cierto desdén, “pero Alianza era mejor”, aclara, por si quedaban dudas.
Campeón de Concacaf con Alianza en 1967, hoy con 88 años vive entre la enfermedad y el abandono, recordando la gloria que vivió
La tristeza por el albo
“Nano” fue parte de la historia de Alianza. De la Orquesta Alba, de ese equipo que se coronó campeón de Concacaf en 1967. Sin embargo, eso lo recuerda poco. Es más, él está convencido de que Alianza tampoco lo recuerda a él y que el fútbol salvadoreño ya lo olvidó. Una vez más se conmueve al punto de las lágrimas.
En 2013, Alianza hizo un evento especial para homenejar en vida a jugadores que dejaron su marca por el club blanco, y por ahí desfilaron varios contemporáneos de Salas, como Gualberto “Pulpo” Fernández, Ricardo Sepúlveda y Salvador Mariona. Pero Leonardo no apareció en la lista de invitados.
De esos años, en particular, es la figura de Jorge “el Mágico”, González la que más se presenta en sus recuerdos. “Un fuera de serie”, lo describe. “Cosa seria, habilidoso como ninguno”. No consigue explicar si únicamente lo vio jugar o también compartió el campo con la leyenda del fútbol salvadoreño. “Me encantaría volver a verlo”, expresa constantentemente.
“Es una persona de calidad”, afirma con timidez y entonces el llanto lo controla. “Me gustaría verlo, porque tengo tiempo, años de no verlo”, confiesa y lo invade el silencio.
Ahora, a sus 88 años, Leonardo vive en una situación de casi abandono. Es visitado esporádicamente por quien aún lo recuerda o ha conseguido reconocerlo. Vive con su hija y su yerno, quienes para realizar esta entrevista no permitieron que El Diario de Hoy ingresara a la vivienda en la colonia San Luis; tampoco dejaron que este periódico tomara imágenes dentro de la casa.
Leonardo posa para EDH fuera de su casa en la colonia San Luis de San Salvador. Foto EDH / Jorge Cabrera
También se quiso consultar con ambos familiares sobre el estado de salud de Leonardo y cómo lo atienden, pero se negaron a brindar declaraciones.
“Ya estoy muy señor”, expresa sobre su salud. “Yo creo que me voy a morir luego”, añade. Su condición médica a veces le corta el apetito. Un grupo de aficionados aliancistas colabora con él y le entrega cada cierto tiempo víveres y dinero para que pueda sostenerse por unos días. Un callejón encerrado y un vigilante, casi tan anciano como él, son sus únicas distracciones.
Del fútbol glorioso de sus años de jugador, poco queda en su memoria. Recuerda pasajes, cruza fechas y datos. Es seguro que estuvo presente en momento importantes de la historia alba, pero es imposible trazar una línea concreta de su memoria y de su participación en esos hechos.
Una frase suelta destaca entre todo lo que intenta decir. “El fútbol es grande, cambian los jugadores, pero el fútbol no cambia”. Parte de las enseñanzas que se van borrando de la figura que es, sigue siendo, Leonardo Salas, uno de los chilenos que dejó marca en aquel Alianza de época.