El silencio de las autoridades ante la ejecución de cinco mujeres en Morazán

En el caso del asesinato de una adolescente, los investigadores dejaron en la escena el casquillo de la bala que la mató. Familias ven poco interés en investigar los crímenes.

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Devotos de la virgen

Por Jorge Beltrán

2019-02-27 11:38:16

Solo en enero, cinco mujeres fueron ejecutadas por grupos de exterminio, en tres municipios del departamento de Morazán. Dos en San Francisco Gotera, dos en Chilanga y una en Meanguera. al norte del río Torola.

¿Quiénes eran?

Hazel Marisol V., de 14 años, y Beatriz Azucena S., de 16, fueron sacadas de la casa donde dormían y luego asesinadas a balazos en la noche del 24 de enero, en el barrio Concepción de Chilanga; Asunción Martínez, de 50 años, y María Luisa Pilar, de 46, fueron asesinadas al amanecer del 25 de enero en el cantón El Centro, de San Francisco Gotera; Rosa Nelly Argueta Chicas, 17 años, fue ejecutada el 29 de enero en Cerro Pando, Meanguera, junto con su hermano, Óscar Francisco.

En todos los casos, aparece una relación familiar o sentimental con miembros de pandillas, por lo que tanto familiares como fuentes policiales creen que por eso fueron asesinadas.

Pero hay otra circunstancia en común: en ninguno de los tres hechos, la policía o la fiscalía se ha acercado o buscado a los parientes para comenzar las indagaciones o ampliar los testimonios que ellos dieron el día que llegaron a levantar los cadáveres.

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Eso lo afirman familiares de las cinco mujeres ejecutadas a sangre fría.
En el caso de Rosa Nelly, era pretendida por un pandillero recién deportado de Estados Unidos y que llegaba a visitar a unos parientes cercanos en el caserío El Barrial, del cantón Cerro Pando, en Meanguera. Después de que la mataron, no volvió a Cerro Pando.

La familia del Esquizofrénico

El 25 de enero, en el cantón El Centro, caserío El Norte, fueron asesinadas Asunción Martínez y María Luisa Pilar en su casa de habitación. Estaba entre oscuro y claro cuando salieron de su casa, caminaron unos diez metros hasta una pila y un lavadero, cuando un grupo de hombres las sorprendió por entre los matorrales. Las dos fueron asesinadas.

Fuentes policiales aseguran que ambas tenían un vínculo familiar con José Mauricio Martínez Pérez, alías el Esquizofrénico, miembro de la Mara Salvatrucha, de la clica Saylor Locotes, quien está purgando una sentencia en el penal de máxima seguridad, conocido como Zacatraz.

“En la casa donde un grupo de encapuchados mató a dos hermanos, quedaron casquillos de calibre 9 milímetros que los investigadores no recolectaron Foto EDH/Óscar Iraheta

¿Asesinadas por error?

Un día antes de que mataran a las dos mujeres parientes del Esquizofrénico, a pocos kilómetros un grupo de hombres encapuchados y vestidos de negro llegaron a una casa del barrio Concepción del municipio de Chilanga. Golpearon la puerta y en cuanto abrieron sacaron a Hazel Marisol y a Beatriz Azucena, a quienes arrastraron unos 200 metros, asesinándolas con disparos de fusil.

Beatriz estaba de visita con su hijo, un bebé que el 5 de enero había cumplido un año. Solía llegar desde Joya del Matazano, caserío situado al costado poniente del cerro Cacahuatique.

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Aquella noche del 24 de enero, se quedó en una casa diferente a donde solía quedarse cuando llegaba a Chilanga; decidió dormir en casa de Concepción o Conchi.

De acuerdo con fuentes de El Diario de Hoy, ese día la hija mayor de Concepción no llegó a dormir a la casa. Esa joven, aseguran los informantes, tenía una relación con un supuesto pandillero (Henry Salvador Argueta Vázquez, alías el Déxter), a quien la policía señaló de ser un asesino múltiple. Éste fue arrestado el pasado 25 de diciembre.

Alcalde preocupado

Para el alcalde de Meanguera, Bladimir Barahona, “es preocupante esas muertes porque hay personas que las han sacado de sus casas haciéndose pasar como policías, los han esperado a la salida de sus trabajos, allí los matan. Muchos jóvenes asesinados quizá no tengan que ver con pandillas”.

De acuerdo con el edil, las ejecuciones de jóvenes por parte de grupos de hombres armados que sacan a sus víctimas en la noche, es un problema que involucra a estructuras bien organizadas.

Por otro lado, los familiares de las víctimas también perciben un alto grado de desinterés de parte de las instituciones del Estado por aclarar esas ejecuciones. En el caso de las cinco mujeres ejecutadas poco se ha avanzado.

Es más, la gente critica hechos como no procesar de manera eficiente la escena de los crímenes. En el caso de la ejecución realizada en Cerro Pando, las autoridades no se llevaron, tal vez porque no lo vieron, el casquillo de la bala con que mataron a Rosa Nelly.

El casquillo fue encontrado 14 días después por uno de los hermanos de la víctima. Lo halló dentro de la habitación donde fue asesinada.

Se intentó saber hasta qué nivel han avanzado las investigaciones de estos casos, pero la Fiscalía se limitó a decir que los cinco casos de mujeres ejecutadas en enero están en la etapa de investigación y por ello era difícil dar información sobre los mismos y, además, porque las diligencias iniciales de investigación tienen carácter reservado.