

En una de ellas, recuerda, se le negó el derecho a votar en las elecciones presidenciales de 2014.
“La persona encargada de la mesa receptora de votos alegaba que mi DUI decía que yo era hombre y tenía que llegar como tal a la persona que decía DUI, incluso, si yo quería votar, tenía que cortarme el cabello, desmaquillarme y llegar vestido como el documento decía”, recordó.
Aunque fue un momento incómodo, porque es un derecho universal al ser mayor de edad, dijo que al final sí pudo emitir el sufragio; pero fue porque algunos observadores internacionales la acompañaron a la Junta Receptora de Votos (JRV).
Esa es solo una muestra de una gran cantidad de derechos que se les niega y que cualquier otra persona puede acceder a ellos.
“Al momento de ir a cambiar un cheque en un banco, pedir un crédito a una casa comercial o que si necesito algo, siempre se cuestiona la parte del nombre que no concuerda con el nombre que nosotras nos presentamos cada día”, expuso. Foto EDH/Menly Cortez

“Nos reconocen con un género con el cual nosotros no nos hemos construido, el género y el sexo con el que nos hemos construido no está respaldado, lo que se traduce en violaciones a los derechos humanos por nuestra identidad de género”, lamentó. Foto EDH/Menly Cortez

“Me puedo desenvolver en la rama laboral que me proponga”. Britany tiene seis años de haber asumido su identidad como mujer trans. Cuando lo hizo tenía 24 años. Una de las características de esta población, pese a la discriminación, burlas y limitantes en sus derechos humanos, es que son muy seguras de sí mismas.
Britany hoy tiene 30 años. Dado a que hace un poco más de un lustro asumió su identidad trans, a diferencia de Stacy, ella sí logró sacar su bachillerato.
Pero una vez adoptó el transgénero, comenzó a tener muchas limitantes, y una de las que más resiente es el área laboral.
“Me puedo desenvolver en cualquier rama laboral que yo me proponga, siento que tengo muchas capacidades para poder desempeñar, ya sea ventas, que me gusta bastante; también administración, siento que tengo bastante potencial pero por mi identidad de género no me he podido desarrollar como realmente yo quisiera”, lamentó. Foto EDH/Menly Cortez

“En bachillerato me quisieron expulsar por ser mal ejemplo”. Stacy Aragón ha sido objeto de discriminación el mayor tiempo de su vida. Uno de los más graves que expone fue cuando estudiaba bachillerato en el Instituto Nacional Francisco Menéndez (Inframen), del cual creyó haber aprobado todos sus exámenes para graduarse en 2007; sin embargo, cuando quiso retirar su título le dijeron que no lo tenían.
“En bachillerato me quisieron expulsar porque decían que yo era un mal ejemplo para el alumnado de la institución, que llevaba mal ejemplo. Yo busqué ayuda para que no me expulsaran de la institución porque yo sentía ese deseo y era un derecho estudiar”, expresó. Foto EDH/Menly Cortez




