Escritoras del anonimato

En la historia de la literatura universal, las mujeres ocultaron su identidad y adoptaron seudónimos masculinos para poder publicar sus libros. Conoce algunas de las autoras que se enfrentaron a esto.

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Foto Por Wikipedia, AFP y Facebook

Por Diana Orantes

2019-01-15 9:16:34

A lo largo de la historia, el papel de la mujer ha sido relegado al de ser madre, esposa e hija, sin poder participar en otros asuntos como la religión, política, ciencias e incluso la literatura. Por años, la única manera de escribir era ocultando su verdadera identidad tras un seudónimo masculino.

“Creo que el hecho de adoptar uno es más característico de cierto período de la literatura, donde las mujeres empezaban a ser reconocidas en el mundo intelectual y literario (…) Era un contexto extremadamente machista, a ellas no se les concedía —además de sus derechos políticos— competencia intelectual y literaria, puesto que era restringido”, aseguró el doctor en Literatura Hispánica, Ricardo Roque Baldovinos.

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Si las mujeres discutían sobre varios temas, expresaban puntos de vista distintos y desarrollaban ideas propias de la sociedad, se consideraba poco femenino. “Así que para ser ‘tomadas en serio’ escondían su identidad (…) No creo que fuera por cuestión de tabúes, sino porque dentro de la visión machista no se podía concebir que una mujer tuviera la capacidad de abordar muchos temas”, agregó el experto.

Esta situación aconteció en varias partes del mundo y El Salvador no fue la excepción. La escritora salvadoreña Jennifer Valiente (1973 – actualidad) fue conocida por mucho tiempo como Harry Castel y asegura que por ello no recibió mayor o menor mérito.

La elección de un seudónimo surgió cuando empezó a escribir, enviar textos a concursos literarios y publicar sus obras. Abordaba asuntos poco comunes, al menos para una mujer.

La escritora y dramaturga Jennifer Valiente.

“Hubo personas que conocieron primero mi nombre literario y luego me conocieron en persona, el resultado ha sido toda una anécdota”, manifestó.

Sandra Vasconcelos, profesora titular de Literatura Inglesa y Comparada de la Universidad de São Paulo, cree que todas las mujeres que pasaron por eso tuvieron algo en común: la transgresión. “Las que se atrevían a publicar usando sus propios nombres recibían muchas críticas y terminaban usando un seudónimo”, explicó. Pero la situación se complicó cuando la escritura fue reconocida como una profesión.

“A partir de entonces, resultó más difícil para las mujeres tener autoridad cultural para firmar libros de ficción”, comentó Sue Lanser, profesora de Inglés, Literatura Comparada y Estudios sobre Mujeres, Género y Sexualidad de la Universidad Brandeis, EE.UU. Y se crearon más restricciones sobre los tema?s de los que podían ahondar.

“Para ellas era la poesía romántica, el cuidado de los hijos y participar en labores de caridad, pero no ser una voz pública”, aceptó Baldovinos.

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La misma opinión comparte Valiente. “En siglos anteriores, como en el caso de la narrativa de ciencia ficción, que era un campo mayoritariamente masculino en los años 50 y 60 en Estados Unidos, hubo mujeres que adoptaron un seudónimo masculino porque el público estaba acostumbrado a que los autores de terror y misterio fueran hombres”, explicó la salvadoreña, y añadió que “a diferencia de la poesía y la novela romántica, se esperaba que fueran ellas quienes las crearan”.

Pero en pleno siglo XXI, aún existen autoras que optan por nombres literarios masculinos, como JK Rowling y Laura Albert, casi por los mismos motivos. “Es claro que ya fueron aceptadas en el mundo literario e intelectual, es cierto que todavía tienen desventajas y no se les está vedado escribir”, apuntó Baldovinos.

Escritoras con seudónimos masculinos:

Mary Shelley firmó como Percey B. Shelley (1797-1851). Libro: “Frankenstein o el moderno Prometeo”.

Caterina Albert i Paradís firmó como Víctor Catalá (1869-1966). Libros: “La infanticida”, “4 monolechs en vers” y “Pere Martir”.

– Amantine Aurore Lucile Dupin firmó como George Sand (1804-1876). Libro: “Rosa y blanco”.

– Olive Schreiner firmó como Ralph Iron (1855-1920). Libros: “Historia de una granja africana” y “La mujer y el trabajo”.

– Mary Ann Evans firmó como George Eliot (1819-1890). Libros: “Escenas de la vida clerical”, “El molino junto al Floss”, “Middelmarch” y “La oscuridad radiante”.

– Charlotte Brontë firmó como Currer Bell (1816-1855). Libros: “Jane Eyre”, “Shirley”, “The Professor”, “Emma” y “Poemas”.

– Sidonie-Gabrielle Colette firmó como Willy (1873-1954). Libros: “Chéri”, “Dúo” y “Gigi”.

– Alice Sheldon firmó como James Tiptree (1915-1987). Libros: “La solución para las moscas”, “El último vuelo del doctor Ain” y “Amor es el plan, el plan es la muerte”.

– Eleanor Marie Robertson firmó como J.D. Robb (1950- hasta la actualidad). Libros: “Una larga espera”, “Embrujo”, “Legado mágico” y “La esperanza perfecta”.

– JK Rowling firmó como Robert Galbraith (1965- hasta la actualidad). Libros: “El canto del cuco”, “Gusano de seda” y “Carrera del mal”.

– Jennifer Valiente firmó como Harry Castel (1973- hasta la fecha). Libros: “La casa”, “Nueve hojas en el viento” y “Santa María de la espera”.