Son las 6:00 de la tarde y las campanas de la iglesia de Paraíso de Osorio, La Paz, repican indicando el último llamado para asistir a misa. Mientras el eco de las campanas suena en el parque, Salvador Artiga acomoda una larga paleta de madera con la cual le pegará a una bola de madera. El sonido de las campanas es cada vez más frecuente e intenso, pero eso no lo perturba.
Las personas que están presentes en el parque lo miran con suspenso y luego de decidirse, acomoda la paleta de madera y hace un tiro tan certero que la bola de madera de casi 5 libras y que estaba a 4 metros de distancia de su objetivo, da en el blanco.
La hazaña de Artiga, que levantó los vítores entre el público hizo que su equipo pasara a la siguiente ronda de la carambola, un juego autóctono del municipio de Paraíso de Osorio.
Ese juego tan antiguo, como las memorias de los abuelos de Paraíso de Osorio, se llama carambola. Los jóvenes no crecen practicando fútbol o baloncesto, ellos juegan a la carambola. Memorizan a temprana edad las normas del juego, las estrategias que les facilite anotar puntos y aprenden a utilizar el “cuto” (la paleta de madera con la que golpean la bola) de forma tan diestra que parece otra extensión de su cuerpo.
Manuel, el escultor del Niño Dios
El oficio de esculpir imágenes religiosas lo aprendió cuando tenía 10 años, observando el trabajo de su padre.
El juego es tan importante en el municipio que es una de las principales distracciones para los jóvenes. “Es un entretenimiento que tienen los muchachos. Aquí pasan jugando en el parque y todo esto se llena de personas. Es un entretenimiento sano”, dice José Acevedo, el jugador más viejo de carambola del municipio.
Con el trinar de las bolas de madera de fondo comienza a narrar sus vivencias con la carambola. “Yo comencé jugando bien cipote y todavía juego. Soy el único de los mayores que aún juega”, dice. Además, comentó que gracias a las derrotas que sufrió en su juventud aprendió a jugar. “Las primeras porraceadas que me daban me hicieron aprender”, explica.
José es solo uno de muchos que se reúnen bajo la sombra de un árbol para ver jugar a las nuevas generaciones y, gracias al apoyo de hermanos lejanos, se ha llevado a cabo un torneo de carambola de fin de año, cuya final fue el 24 de diciembre. Había un premio en efectivo para los primeros tres lugares.
Mientras la tarde cae y las estrellas comienzan a pintarse en el cielo, la juventud de Paraíso de Osorio sigue jugando mientras una tenue luz alumbra las mejores jugadas que les asegurará un lugar entre los finalistas del torneo.
Y a pesar que el día ya terminó, las ganas de jugar para las nuevas generaciones del municipio aún siguen brillando como las estrellas de la noche.

