Una persona puede ser un agresor sexual y tal vez no lo notes. Hay una variedad de características que los definen, así que no podemos encasillarlos a todos en el perfil psicológico común.
Lo que sí podemos asegurar es que de acuerdo a estudios y expertos, hay varios motivos que inducen a alguien a dañar a otro. Incluso hay maneras casi estratégicas por medio de las cuales logran su cometido.
El terrible testimonio de una víctima de abuso sexual de un sacerdote de Pensilvania
Durante años, la experiencia de abuso sexual que sufrió a sus 16 años fue callada. Ahora ayuda a personas que han pasado por situaciones similares.
La web especializada en comportamiento humano “Psicología y mente”, en su publicación “Perfil psicológico del violador: 12 rasgos en común”, define los siguientes tipos de agresores sexuales:
1- El violador explosivo.
Son personas dominadas por un impulso de violencia. Les parece indiferente quién es la víctima, su objetivo solo es hacer daño con la fuerza aunque a veces no ejerzan dominio sexual sobre el otro.
2- El violador circunstancial, ocasional u oportunista.
Se aprovechan de las personas en situaciones determinadas como una fiesta o evento donde hay multitudes. Estas personas no planifican la situación, solo se valen del momento y se dejan influenciar por los efectos del alcohol o drogas.

3- El violador que busca confianza.
Tienen una idea completamente errónea de una relación. Para estos individuos la otra persona disfruta de una violación sexual y creen que es la mejor manera de acercarse mutuamente.
4- El violador furioso.
Se dejan llevar por perjuicios reales o imaginarios en contra de alguien por su género o cualquier grupo social o colectivo al que respresenta, tal y como ocurre con los homosexuales. Sus actos de violación parten de un sesgo basado en esterotipos.

5- El violador que ejerce control
Son personas que se valen de una violación para humillar y ejercer control sobre alguien tal y como sucede durante las guerras.
6- El violador sádico
Al inicio de la intimidad puede considerar la intimidad muy excitante, demasiado como para comenzar a experimentar impulsos agresivos hacia la otra persona. De este modo la situación evoluciona a algo más dañino en el que sin duda hay goce pero agresividad al mismo tiempo.
