David Alvarado es esposo, padre de dos hijos y ahora el Obispo de la Iglesia Episcopal Anglicana de El Salvador. Para este religioso quien lleva la fe y la espiritualidad en su sangre, la influencia de su madre y su amor por las cosas de Dios lo guiaron a la vida sacerdotal, un camino que inició hace 33 años.
A sus 56 años, para Alvarado, el ejercer el sacerdocio y al mismo tiempo vivir en familia, disfrutar de su matrimonio y asumir el reto de educar unos hijos, no tiene absolutamente nada de extraño, esto es lo normal en el anglicanismo, una de las grandes diferencias con sus hermanos católicos romanos. De hecho, manifiesta que es una ventaja, pues puede hablarle a su comunidad con toda propiedad sobre el tema de la familia.
“Cuando una pareja viene a pedirme consejo, sé perfectamente por lo que están pasando y el esfuerzo que se requiere para vivir el matrimonio en armonía. Los puedo aconsejar desde mi experiencia”, asegura Alvarado.
Para el religioso la honestidad, la integridad, fidelidad son valores importantes para vivir en un ambiente familiar agradable, pues es el modelo que ven los hijos y de esa forma se moldean las conductas. “El padre debe ser un ejemplo para los hijos porque ellos lo ven como un súper héroe, por eso una debe superar las expectativas que ellos tienen de uno”, manifiesta Alvarado.
En cuanto a la educación de sus hijos confiesa que no han hecho diferencia entre la vida de una familia “normal” y una religiosa, asegura que la disciplina siempre la han aplicado con altos grados de diálogos con sus hijos.
“A veces pensamos que como a nosotros nos aplicaron debemos aplicar, no hay receta para educar a los hijos, lo más importante es dialogar. Pienso que lo primero es estar pendiente de los hijos, en estos tiempos de dificultades no los podemos desatender”, agrega.
Generalmente, los familiares de un sacerdote anglicano deben formar parte de las actividades de la iglesia y colaborar en el mantenimiento y arreglo de los templos, además de contribuir con las obras sociales.
Es sincero al expresar que, en ocasiones, a los hijos de los que se dedican a la vida religiosa no es de su completo agrado, debido a todas las limitaciones y reglas que se deben cumplir. “Muchas veces la etiqueta de ser el hijo del pastor los limita, pero nosotros hemos tratado que ellos lleven una vida con normalidad”.
Manifiesta que en muchas ocasiones sus hijos pedían que hicieran actividades en días que son exclusivos para las actividades litúrgicas.
“Es difícil -para los niños- porque el domingo esperan que sea el día del paseo, de ir a la playa pero nosotros trabajamos en ese día, visitando enfermos, oficios litúrgicos, entre otras cosas”, afirma el Obispo. Recuerda que en una ocasión su hijo se escapó con unos amigos a la playa y regresó al día siguiente y tuvieron que castigarlo por la acción. “Menos mal que fue en aquel tiempo, cuando todo era sano. Comprendo que los jóvenes quieran hacer algo diferente, es algo normal pero también hay una receta para disciplinarlos”.
Para él, ser papá es una gran bendición, que a pesar de los problemas económicos por los que han pasado no se compara con la oportunidad de moldear a sus descendientes. “Como todo papá el hecho de ser religioso es un plus a ser padre, tenemos las mismas dificultades como todos los demás”, enfatiza.
