Natalia Rengifo, las dulzuras de una mamá comprometida

Para compartir más tiempo con sus hijos, renunció a una carrera de casi una década en una compañía internacional y puso una empresa de mesas de postres, donde toda la familia aporta su granito de arena.

descripción de la imagen
elsalvador.com

Por Claudio Martinez

2017-05-04 6:00:13

Ser madre es una gran responsabilidad, requiere de un gran compromiso y de resignar ciertas cosas en favor de la familia. Todo eso evaluó Natalia Rengifo, con una maestría en administración de empresas y con casi 10 años de carrera profesional exitosa en una empresa internacional, cuando decidió renunciar a su trabajo. “Viajaba mucho. A veces pasaba una semana afuera y otra semana aquí. No podía ver mucho a los niños”. Los niños a los que se refiere son Carlos Andrés, 13 años, y Mariana, 5, el verdadero motivo para dar el cambio brusco de timón.
De esa determinación nace Frágola, un emprendimiento de Natalia dedicado a crear mesas de postres que ya va por su tercer año y que está ubicado en Plaza Kalpataru. Había algo latente en ella desde los tiempos en que su abuelita Elena la involucraba en las tareas de casa, especialmente en la elaboración de postres y pasteles. “Cuando salía del colegio hacía quesadillas y las vendía a todos los amigos de mis abuelitos. La verdad es que siempre me gustó, pero lo había hecho más como un hobby”, reconoce Natalia.

Ivonne Ayala, la árbitro internacional que es madre y padre

Quizás el impulso final llegó cuando hizo una mesa de postres para el bautizo de su hija y eso llamó la atención de los invitados, al punto que empezaron a pedirle lo mismo para otras celebraciones. “Ahí, en el boca en boca fui haciendo varias mesas de postres, pero sin salirme del empleo. Hacía los dos trabajos, pero era bien cansado”, explica. Al final, terminó decantándose por abrir su propio negocio y renunciar a su empleo. Un paso audaz, pero necesario.
“Ha sido excelente porque yo administro mi negocio, haciendo lo que a mí me gusta, me encanta, me entretiene, no me aburre, cada mesa de postres es diferente, no hay ninguna igual a otra, es totalmente personalizado”, cuenta Natalia, que además no solo tiene más tiempo para estar con sus hijos, sino que también los hace parte de Frágola.
“El niño, que ya está en etapa preadolescente, hace las cosas básicas. Pero la niña me ayuda mucho porque le fascina también todo esto. De hecho, del colegio me elogiaron su motricidad fina: eso es por colar la harina, cortar, amasar con el rodillo…”, explica.

Carolina Padilla, una supermamá modelo con aroma a café 

De repente, Natalia se ha convertido en una especialista en la elaboración de postres: los mousses, el tiramisú, el suspiro limeño, los cupcakes o los cheesecakes son apenas algunas de las más de 40 variedades que ofrece su negocio. Además, como si fuera poco, asesora a sus clientes para crearles diseños exclusivos dependiendo la ocasión, ya sea elegantes bodas, piñatas, cumpleaños, bautizos o baby showers.
“La verdad es que no puedo comparar. Ahora mi horario es flexible, además de dedicarme a mi propio negocio, tengo más tiempo de ver a mis hijos. Me los llevo al negocio, comparto más con ellos mientras aprenden tareas allí”, admite Natalia. Una decisión que le cambió la vida. O al menos su calidad de vida como madre y empresaria.